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Ranchuelo en el recuerdo.

Ranchuelo en el recuerdo.




Hace 35 años al humilde pueblo de Ranchuelo le faltan dos de sus mejores
hijos, Wilfredo Pérez Pérez y Ángel Tomás Rodríguez. Ellos fueron arrancados de
sus calles, de la cuadra, de su familia por el horrendo acto terrorista que el
6 de octubre de 1976 hizo estallar en pleno vuelo un avión CUT 1201, de Cubana
de Aviación que cayó al mar con 73 personas a bordo frente a las costas de
Barbados.





La herida sigue ahí, latente, abierta como el primer día. Aquella tarde
infausta la noticia corrió de boca en boca. Mataron a Wilfredo. Él era el
piloto de la nave, decían algunos. Ángel Tomás también venía en el avión como
copiloto, exponían otros. Eso no puede ser verdad, expresaban los ranchueleros.
Mas, al caer la noche, la mayoría admitía la triste verdad.



Todavía brota el recuerdo de la gente acongojada aglomerándose frente a las
casas de sus familiares. En gesto solidario trataban de dar consuelo a América
y a Angelina, las madres del piloto y el copiloto de la nave.



Pobre Angelina, perdió a su hijo y a la nuera Marlene González, la aeromoza de
la tripulación. Y ahora, qué será de América con esos muchachos tan pequeños,
rumoraban los vecinos con gesto de dolor.



Han pasado 35 años de aquellos trágicos hechos, sin embargo cada vez que
regresa octubre el sufrimiento crece aún más en Ranchuelo, porque el recuerdo
no es cicatriz, es herida que lacera y dolerá eternamente.



De qué forma podría olvidar Odalys, la hija de Wilfredo, aquella pesadilla si
todavía cierra los ojos y recuerda como si fuera hoy el momento en que su mamá
le dio la noticia y empezó a gritar.



Cómo se sentirá ella por estos días cada vez que le venga al recuerdo la
explosión del avión en el aire, o la ininterrumpida comunicación de su padre y
el resto de la tripulación con la torre:



¡Cuidado!



¡Tenemos una explosión y estamos descendiendo inmediatamente, tenemos fuego a
bordo!



¡Cierren la puerta, cierren la puerta!



CU-455. Tenemos emergencia total, continuamos escuchando, respondan.



¡Eso es peor, pégate al agua, Fello, pégate al agua!



Esas voces duelen, pero es preciso evocarlas todos los días, porque aún no se
ha hecho justicia. En el aniversario 35 de la cobarde acción terrorista,
volverán a asomar muchas lágrimas en Ranchuelo, por Wilfredo, por Ángel Tomás,
pero será más enérgico y viril ese llanto porque la injusticia continúa
temblando.



 



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